La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) se ha convertido en un puente de oportunidades, uniendo continentes y culturas mediante inversiones estratégicas. En este artículo, exploraremos cómo los fondos adaptados a cada contexto transforman realidades, promueven desarrollo inclusivo y sostenible y ofrecen herramientas prácticas para que gobiernos, empresas y comunidades alcancen una prosperidad compartida.
Desde su lanzamiento en 2013 por el presidente Xi Jinping, la BRI ha conectado Asia, Europa y África a través de más de 3000 proyectos de cooperación. Con una inversión cercana a 1 billón de dólares, esta iniciativa abarca infraestructuras, comercio, tecnología y desarrollo humano, creando un nuevo paradigma de colaboración global.
Los primeros pasos de la BRI tuvieron lugar en 2014 con la adhesión de 11 países. Entre 2014 y 2016, el presidente Xi recorrió más de 600.000 km para promover el proyecto, equivalente a 500 vueltas al mundo.
En 2015 se creó el Grupo Dirigente para la BRI, coordinando avances y aumentando la cobertura mediática extranjera en un 273%. Un año después, el primer simposio internacional renovó el enfoque hacia los beneficios humanos, incorporando planificación estratégica, innovación financiera y acercamiento de pueblos.
Para 2018, la red contaba con seis corredores y múltiples puertos, mientras que los foros de 2017 y 2019 reunieron a más de 150 países y 90 organizaciones, promoviendo una BRI de alta calidad con estándares sostenibles.
La clave del éxito de la BRI radica en diseñar mecanismos financieros adaptados a cada necesidad. Los fondos se canalizan según el perfil de los países y las comunidades, cubriendo desde naciones con abundantes recursos hasta regiones en pobreza extrema.
Las modalidades incluyen préstamos blandos, donaciones técnicas, incentivos fiscales y facilidades aduaneras. Estas soluciones permiten financiar proyectos que van desde aeropuertos modernizados hasta fábricas textiles y talleres de innovación.
Las cifras demuestran el alcance de la BRI. Según proyecciones del Banco Mundial para 2030, la iniciativa podría liberar a 40 millones de personas de la pobreza extrema y sacar a 32 millones de la pobreza moderada.
El crecimiento del comercio exterior de países BRI podría elevarse del 2,8% al 99,7%, mientras que el comercio mundial ganaría entre 1,7% y 6,2%.
Ejemplos concretos incluyen la ciudad de Esmediovo en Serbia, donde los ingresos fiscales se duplicaron y el desempleo descendió del 18% al 6%, así como una fábrica textil en Afganistán que genera 7.000 afganis mensuales por tejedor.
La BRI no solo impulsa carreteras y ferrocarriles, sino también un ecosistema de innovación. Se crearon talleres Luban en Asia, Europa y África para capacitar a jóvenes en habilidades prácticas.
Proyectos de energías renovables y finanzas verdes avanzan en 12 ramas de sostenibilidad, mientras que líneas de producción inteligentes y torneos de programación entre países fomentan un espíritu de colaboración tecnológica.
La mejora de la conectividad involucra infraestructura, políticas aduaneras y acuerdos comerciales como el RCEP, vigente desde 2023. Este bloque integra 15 países, 27 acuerdos de libre comercio y 44 de inversión, homogenizando regulaciones y facilitando intercambios.
Puertos eficientes, redes ferroviarias y carreteras modernas se combinan con aduanas sin papel y exenciones de IVA para dinamizar el intercambio de bienes y servicios.
Los testimonios de líderes locales destacan la "amistad china" y una visión que genera beneficios reales. Agricultores, empresarios y autoridades celebran proyectos de agua potable y energía solar que han mejorado la calidad de vida de miles de familias.
Estudiantes que participan en laboratorios conjuntos de agricultura y salud describen cómo adquieren experiencia práctica y amplían sus horizontes profesionales más allá de sus fronteras.
La BRI se perfila como la plataforma de cooperación más grande e influyente del siglo XXI, uniendo la vitalidad de Asia oriental, la prosperidad de Europa y el potencial de África, América Latina y el Pacífico Sur.
Para aprovechar al máximo estas oportunidades, es esencial que gobiernos, empresas y sociedad civil trabajen de la mano, compartan experiencias y adopten mejores prácticas de desarrollo global. Solo así podremos encaminarnos hacia una prosperidad verdaderamente compartida.
Invitamos a todos los actores interesados a sumarse a esta visión, explorar los fondos disponibles y diseñar proyectos que transformen realidades, reduzcan desigualdades y construyan un futuro próspero para todos.
Referencias