La inversión de impacto está revolucionando la forma de pensar en finanzas. Cada vez más inversionistas buscan retornos financieros junto a beneficios sociales.
La inversión de impacto se define como aquella orientada a generar impacto social o medioambiental medible además de rentabilidad financiera. Este enfoque conecta directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y con las exigencias crecientes de gobiernos y reguladores.
En el último lustro, los activos bajo gestión en este segmento han experimentado un dinámico crecimiento, impulsado tanto por inversores institucionales como por particulares que exigen transparencia y responsabilidad en sus carteras.
Las estimaciones sobre el volumen total de inversión de impacto varían según la fuente, pero coinciden en un fuerte alza:
Entre 2019 y 2024, los activos globales crecieron a un ritmo del 21% anual compuesto, superando expectativas y marcando tendencias para la próxima década.
El segmento de capital privado se perfila como el más dinámico, con un crecimiento estimado de 11.03% CAGR hasta 2031, ya que ofrece un mayor control sobre los resultados de impacto.
La renta variable sigue siendo predominante, con un 48.3% de participación en 2024, mientras que los fondos de bonos registran la tasa de expansión más rápida en algunos mercados.
Se distinguen tres grandes perfiles:
Este mix diversificado fortalece la resiliencia del mercado y amplía las oportunidades de participación.
El capital de impacto se distribuye en áreas estratégicas que combinan necesidad y rentabilidad:
Europa lidera el mercado global, gracias a políticas favorables y fuerte apetito institucional. Norteamérica mantiene el 37.7% de participación, impulsada por fondos y redes de impacto.
En Asia-Pacífico, las tasas de crecimiento oscilan entre 8.7% y 22.2%, especialmente en China e India, comprometidas con la neutralidad de carbono.
Los inversionistas planean aumentar asignaciones en:
Desde la creación de un fondo de biodiversidad de EUR 500 millones hasta la integración de plataformas de USD 150 mil millones por parte de grandes gestoras, los hitos son múltiples.
En Australia, el NAB Foundation lanzó un fondo de USD 50 millones enfocado en comunidades indígenas y vivienda accesible. Estas iniciativas demuestran que la colaboración público-privada puede generar proyectos transformadores.
A pesar del optimismo, existen retos:
No obstante, la innovación en inteligencia artificial y la creciente conciencia climática apuntan a una expansión continua hasta 2026 y más allá.
La inversión de impacto combina rentabilidad sostenible y propósito, ofreciendo una vía para participar en el cambio global mientras generas valor financiero. Tanto los inversores institucionales como los particulares pueden aprovechar esta tendencia, alineando sus carteras con valores y resultados tangibles.
Cada euro invertido con criterios de impacto contribuye a un mundo más justo y resiliente. Al comprender las dinámicas del mercado y seleccionar estrategias adecuadas, es posible ganar dinero ayudando y transformar realidades.
Referencias